martes, 30 de octubre de 2018

+ Epícteto y la Psicología Cognitiva

La Psicología cognitiva  bebe las fuentes de la filosofía de Epícteto. Las enseñanzas de éste y de sus discípulos  influyeron poderosamente en Albert Ellis, uno de los autores más importantes de la corriente cognitiva de la psicología moderna. 
Una de las máximas del pensamiento de Epícteto era...

CONOZCAMOS PUES   A  EPÍCTETO...

Primero descubre lo que quieres ser; 
luego haz lo que tengas que hacer.


¿Quién  fue Epicteto?  Epicteto nació esclavo en el 55 dC en Hierápolis, el extremo oriental del Imperio Romano. Su amo era Epafrodito, secretario personal de Nerón, que llevó a Epicteto a Roma, para que estudiara con el maestro estoico Musonio Rufo. Epicteto se convirtió en el mejor de sus alumnos, y llegó a ser libertado. Epicteto enseñó en Roma hasta el año 94, cuando el emperador Domiciano, amenazado por la influencia de los filósofos, lo desterró. Pasó el resto de su vida (murió en el 135 dC) en Nicópolis. Allí estableció una academia de filosofía y dedicó su vida a dar conferencias sobre cómo vivir con más dignidad y tranquilidad.

A pesar de haber sido esclavo y recibir duras palizas durante la mayor parte de su vida, Epícteto fue una persona feliz. Su filosofía se basaba en tener muy claro lo que era controlable y lo que no, para de esta forma modificar lo que era susceptible de modificación y aceptar lo que no lo era. De esta manera se evitaba a sí mismo el tormento y la infelicidad.
“No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que nos decimos sobre estas cosas”.
-Epícteto-
Entre sus discípulos más importantes estuvo Marco Aurelio Antonio, que llegó a ser Emperador. Marco Aurelio fue autor de las Meditaciones, una obra crucial que ha influido poderosamente en Albert Ellis, uno de los autores más importantes de la corriente cognitiva de la psicología moderna.

Su discípulo Flavio Arriano transcribió buena parte de sus conferencias (Epicteto no dejó nada escrito), en 8 libros conocidos como los Discursos. De aquí se extrae el Manual de Vida, una selección de las ideas principales de Epicteto, que al igual que El Arte de la Guerra estaba adaptado a la forma concisa de los manuales de batalla. Tanto es así que muchos legionarios llevaban el Manual de Vida consigo a sus campañas


LA FILOSOFÍA DE EPICTETO

Epicteto crea una filosofía práctica, dirigida únicamente a descubrir cómo vivir mejor y más digna y felizmente, así como lograr una mayor libertad y autonomía. Para ello parte de un único principio: saber qué es lo que puedes controlar y lo que no.
Bajo control están nuestros deseos, pensamientos, y las cosas que nos disgustan. Fuera de control están el tipo de cuerpo que tenemos, la familia en la que hemos nacido, lo que piensa los demás y la forma en la que nos ven, y los grandes hechos sociales. Intentar controlar o cambiar aquello fuera de nuestro control sólo tiene como resultado el tormento. Es por ello que debemos centrarnos en aquello que podemos controlar, y olvidarnos del resto.
Una vez asumido ese primer principio, se hace evidente otro principio de esa filosofía: las cosas no tienen la capacidad de herirnos. Lo que nos hiere es la interpretación que hacemos de lo que ocurre a nuestro alrededor. Nosotros decidimos tomar las cosas con calma, o sentirnos hundidos o furiosos. Nuestra voluntad siempre está bajo nuestro control.
Es evidente que, una vez que interiorizas estos principios eres una persona más libre. Los sucesos no tienen poder de afectarte más allá de lo que tú determines. Las opiniones de los demás no tienen por qué afectarte. Las acciones de los demás pueden dañarte (si te golpean, por ejemplo), pero ya no estás sujeto a la tiranía de los demás.

Cuando interiorizas estas ideas, eres libre de tus deseos, porque eres capaz de reconocerlos como lo que son, y diferenciarlos de las necesidades. Por tanto, puedes perseguirlos o descartarlos de manera voluntaria, sin que vuelvas a estar encadenado por ellos.
La influencia de Epicteto en la psicología cognitiva es enorme. La psicología cognitiva parte del principio de que el pensamiento es la clave de todos los fenómenos psicológicos. El pensamiento está, entre otras cosas, antes que las emociones. Y en tanto nosotros podemos controlar el contenido de nuestros pensamientos, podemos controlar el resto de nuestros fenómenos psicológicos. La felicidad y la depresión son el resultado de cómo elegimos afrontar las cosas.
Pero la filosofía de Epicteto quién mejor la explica es él, así que os dejo con las máximas del Manual de Vida que más me gustan.

·         Saber lo que puedes controlar y lo que no.
·         Ocúpate de tus propios asuntos. Presta atención únicamente a tus propias preocupaciones y da por sentado que lo que pertenece a los demás es asunto suyo, no tuyo. Si obras así serás impermeable a la coacción y nada te podrá retener. Serás libre y eficaz, pues darás buen uso a tus esfuerzos en vez de malgastarlos criticando u oponiéndote a los demás. Si conoces y prestas atención a tus verdaderas preocupaciones, nada ni nadie te hará actuar contra tu voluntad; los demás no podrán herirte, no te ganarás enemigos ni padecerás ningún mal.

·         Veamos las cosas tal como son en verdad. Las circunstancias no se presentan para satisfacer nuestras expectativas. Las cosas suceden por sí mismas. La gente se comporta como realmente es. Aprovecha lo que realmente obtienes.
·         Los acontecimientos no nos hacen daño, pero nuestra visión de los mismos nos lo puede hacer. No podemos elegir nuestras circunstancias externas, pero siempre podemos elegir la forma en la que reaccionamos a ellas.
·         Ni vergüenza ni culpa. Las cosas son sencillamente lo que son. Los demás que piensen lo que quieran; no es asunto nuestro.
·         Crea tu propio mérito. No dependas nunca de la admiración de los demás. No tiene ningún valor. El mérito personal no puede proceder nunca de una fuente externa. No lo encontrarás en las relaciones personales, ni en la estima de los demás. Es cosa probada que las personas, incluso las que te quieren, no estarán necesariamente de acuerdo con tus ideas, no te comprenderán ni compartirán tu entusiasmo. ¡Madura!¡A quién le importa lo que los demás piensen de ti!
·         Tu voluntad está siempre bajo tu poder. En realidad nada te detiene. La enfermedad puede desafiar a tu cuerpo, pero ¿acaso eres sólo cuerpo? Tu voluntad no tiene por qué verse afectada por ningún incidente a no ser que tú se lo permitas.
·         Utiliza plenamente lo que te sucede. Cada dificultad con la que tropezamos en la vida nos da la oportunidad de volvernos hacia dentro e invocar nuestros recursos íntimos. Las pruebas que soportamos pueden y deben darnos a conocer nuestra fuerza.
·         Ocúpate de lo que tienes, no hay nada que perder. Lo importante es ser muy cuidadoso con las cosas que tienes mientras el mundo te las deja, como un viajero en una posada.
·         “Cuando llamas a tu hijo, debes estar preparado para que no responda, y si lo hace, tal vez no haga lo que le pidas. En tal caso, tu inquietud en nada le ayuda. Tu hijo no debería tener la facultad de causarte ningún trastorno.”
·         Evita adoptar los puntos de vista negativos de los demás.
·         Nadie puede hacerte daño. La gente no tiene la facultad de hacerte daño. Incluso si te denigran a voz en grito, tuya es la decisión de considerar lo que ocurre como insultante o no.
·         Querer agradar a los demás es una trampa peligrosa.
·         Todo tiene un precio.
·         “No entregues tu mente. Si alguien pretendiera entregar tu cuerpo a cualquier transeúnte, te pondrías naturalmente furioso. Entonces, ¿por qué no tienes pudor en prestar tu valiosa mente a cualquier persona que desee influenciarte?”
·         Los acontecimientos son, por sí mismos, impersonales e indiferentes. ¿Qué es un acontecimiento bueno? ¿Qué es un acontecimiento malo? ¡Tales cosas no existen!
·         Define claramente la persona que quieres ser.
·         Apártate de los entretenimientos populares. Casi todo lo que se acepta como legítimo entretenimiento es inferior o ridículo, y sólo atiende o explota las debilidades de la gente. La vida es demasiado corta y tú tienes cosas más importantes que hacer.
·         “El mero hecho de que la gente sea amable contigo no significa que debas pasar el tiempo con ellos.”
·         Abstente de defender tu reputación o tus intenciones. Sólo los moralmente débiles se sienten obligados a defenderse o explicarse ante los demás. Deja que la calidad de tus actos hable en tu nombre.

·         Adopta una actitud firme. Después de deliberar y determinar que un curso de acción es el acertado, jamás pongas en duda tu juicio.





Manual de Epícteto ilustrado con HUMOR

Sobre el mismo tema en ...
https://lamenteesmaravillosa.com/epicteto-un-sabio-de-la-antiguedad/


Epícteto, un sabio de la antigüedad


El control de la propia mente

Epícteto aceptó que sus circunstancias no eran controlables ni podían cambiarse directamente de ninguna manera, pero sin embargo su mente sí. En este sentido tenía todo el poder. Por lo tanto, decidió que las cosas le afectarían solo si dejaba que tuvieran influjo en él. Es decir, el hecho de tener emociones positivas o negativas no iba a depender de los hechos externos si no de su propio interior, de sus pensamientos acerca de esos hechos.
La mayoría de las personas cuando tienen un estado emocional negativo y disfuncional, como depresión, ansiedad, ira, culpa… tienden a creer que es provocado por las circunstancias o las situaciones que han acontecido en su vida, pero la verdad es que no es así la mayor parte de las veces.
Lo que realmente provoca nuestros estados emocionales son nuestra forma de interpretar el mundo, nuestra actitud, nuestras propias creencias y pensamientos. Una prueba la tenemos en que la misma situación suscita emociones diferentes en cada persona. Por lógica, si fuera la situación la responsable de las emociones, todas las personas deberían reaccionar de la misma manera y se demuestra que esto no es así. Entonces, debe de haber algún filtro que determine mi situación emocional.




Pongamos un ejemplo sobre esta idea. Imagina que vas en el autobús de pie sujeto a la barra de apoyo y de repente recibes un golpe fuerte por detrás. Te pones colérico y furioso porque algún maleducado no ha tenido nada de cuidado contigo así que te dispones a darte la vuelta para decirle cuatro cosas pero de repente te percatas de que es un invidente.

En ese instante los sentimientos de cólera, ira y enfado se modifican por sentimientos de compasión y piedad hacia el pobre ciego que no ha tenido intención ninguna de empujarte.
Somos responsables de lo que sentimos
El estímulo que supuestamente ha provocado tu enfado sigue siendo el golpe, pero ahora que sabes que es ciego, no te dices que es un maleducado, ni un grosero sin consideración ni miramiento, si no que te dices que es un pobre hombre que no pretendía ni quería hacer eso. Con lo cual, podemos concluir que el que te irritó no fue el golpe, si no tú a ti mismo con tu autodiálogo, con lo que te estabas diciendo acerca del bruto que te propinó el empujón.
Como podemos ver, el pensamiento siempre precede a la emoción y la buena noticia es que ¡podemos controlarlo! ¡Somos responsables del mismo!
Y digo buena noticia porque si no fuese así, nos tendríamos que resignar a ser esclavos de lo externo, a ser marionetas carentes de defensas que se mueven según las situaciones o las ideas de los demás.
Si por ejemplo, yo me deprimo porque los demás me critican, el responsable último de esa depresión soy yo que me estoy creyendo todas esas críticas y opiniones y las estoy haciendo mías. Si cambiase mis pensamientos sobre esas críticas y les diera la importancia justa, mi estado emocional sería muy diferente.
Quizás sería desagradable, pero no llegaría a deprimirme por las ideas que otras personas tengan, pues esas son sus ideas, no las mías y solo las haré mías si así lo decido yo. Si esto no fuese así, si mis pensamientos no pudieran intervenir, tendría que sentirme deprimido obligatoriamente siempre a no ser que consiga que los demás cambien su opinión sobre mí, algo que es casi imposible además de trabajoso.




Mujer triste

En realidad, el ser humano tiene la maravillosa capacidad de ser feliz casi en cualquier circunstancia y situación. Si tienes los medios para sobrevivir ya lo tienes todo para estar muy bien, pero es necesario que estas ideas se interioricen en profundidad, que las adquieras como filosofía de vida.
Si Epícteto fue feliz siendo esclavo gracias a esta manera de afrontar la vida, nosotros también podemos serlo en circunstancias que nada tienen que ver con la esclavitud. ¿Quizás estás quejándote mucho? ¿Es posible que estés exigiendo demasiado al mundo, a los demás y a ti mismo? ¿Te llenas de ansiedad tratando de controlar lo incontrolable?
Deja de abrirle la puerta al sufrimiento, deja de quejarte por lo que sucede ahí fuera. Soluciónalo si puedes y si no, déjalo estar. Cambia tu manera de ver las cosas y las cosas cambiarán.

El arte de vivir de Epícteto  DESCARGAR AQUÍ


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