jueves, 14 de mayo de 2015

+ ¿PARA QUE SIRVE LA TRISTEZA?

A esta pregunta tan  complicada responde este interesante artículo: EL INESPERADO VALOR DE LA TRISTEZA del Blog EducaMoMo ...

“Las ruinas son a menudo las que abren las ventanas para ver el cielo”.


Viktor Frankl, quien padeció y sobrevivió en los campos de concentración, conocedor de estos pasillos de la tristeza, nos regala ésta reflexión de que incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una puerta hacia la luz.

La tristeza es, por lo general, una emoción mirada desde una visión negativa y en muchos casos rechazada, sin embargo, mi intención es plasmar su capacidad adaptativa, su intención de supervivencia de la persona, reflejar su necesidad ya que, como afirmó Charles Darwin, todas las emociones son necesarias e imprescindibles.

Difícilmente, nadie que sienta tristeza se alegrará de albergarla por un tiempo, sin embargo, la tristeza, como estado que nos arrebata toda seguridad, descoloca para poder hacer frente al cambio.

La tristeza nos hace vulnerables. Cuando aparece, debemos permitirle la estancia, sin prisas, prestarle atención sin presiones. Debemos escuchar lo que nos dice para actuar en consecuencia. Sentirse vulnerables puede tanto abatirnos como mostrarnos nuestras grandes fortalezas. No debemos escapar de la tristeza, sino acogerla, ya que forma parte de nosotros mismos,  nos hace sentirnos vivos y evolucionar hacia otras formas.

Respecto a las funciones relativas a la emoción básica de tristeza, parece apropiado pensar en su capacidad adaptativa, puesto que el hecho de que se mantenga como un importante recurso en el ser humano muestra la relevancia de su existencia y permanencia. Las principales funciones de la tristeza son:

Función adaptativa y de supervivencia: La tristeza nos protege, nos conduce a tomar conciencia de lo que es negativo para nosotros. La tristeza es útil, para la supervivencia no solo en relación a la protección personal, a la protección de una herida o de un acontecimiento doloroso. También, el bebé cuando la madre se va llora, se entristece, lo cual hace que se mantengan los lazos y el niño se asegure la supervivencia.  La utilidad de la tristeza es el afecto, crea la necesidad en un niño de estar con su madre y la de su madre de estar con el niño lo que aumenta su posibilidad de supervivencia. 

En su función de adaptación, también nos incita a dudar y a ponernos en tela de juicio. Así, afirma S. Hahusseau, (2010), siembra la duda en nuestros pensamientos, nos alerta del carácter inapropiado de algunos de nuestros comportamientos modificables y nos impulsa a adoptar otros.

Función restauradora y protectora: Es una de sus funciones más destacadas. La emoción de tristeza disminuye el nivel funcional de las personas, lo cual tendrá sus efectos tanto en la conducta como en los procesos cognitivos. Este efecto actúa para un ahorro de energía.

Al impedir que se derroche innecesariamente energía, se reduce la atención dirigida al entorno y se potencia la atención hacia uno mismo. Gracias a esto se produce la función de autoprotección y autocrítica, además de favorecer la introspección y el análisis constructivo, que permiten crear nuevas estrategias de acción y posibilitan la valoración calmada de aspectos de la situación o del problema que provoca la emoción de tristeza, así como la búsqueda de sus causas. Esta emoción nos predispone a hacer intensas reflexiones de un alcance prolongado.  Nos ayuda también a aceptar las pérdidas y lo que no podemos modificar.

Función social: Otra de las funciones que encontramos en la tristeza, aunque no siempre aparece en su presencia, es la búsqueda de apoyo social. La expresión de la tristeza por parte del individuo que la experimenta, fomenta generalmente, una unión empática en las relaciones con los demás, reforzando los vínculos sociales, debido a que es interpretada como una petición de ayuda. La tristeza favorece que el individuo que está ante situaciones de emocionalidad intensa, se encuentre más receptivo ante el cobijo afectivo de los otros significativos para él.

La expresión de nuestra tristeza a otro puede modificar nuestras relaciones con los demás. Sin embargo, la tristeza tiene resultados contrapuestos en cuanto a la interacción social se refiere ya que en algunos casos provoca una disposición al cobijo social, dando lugar un acogimiento y una mayor atención por parte de las personas más cercanas y significativas. Por otro lado, en otros casos la persona que experimenta la emoción de tristeza, muestra una actitud esquiva a la interacción social y busca el aislamiento. Es importante reflejar, que estas formas de reaccionar son extremos de un continuo, por lo que las personas pueden situarse a lo largo de él y mantener una posición intermedia, en la que tengan intensas relaciones e interacciones sociales con las personas más próximas y significativas y muestren un rechazo hacia la relación con otras personas menos cercanas.

Así, debemos estar atentos a ésta emoción, recibirla y dejarla estar con nosotros, gestionarla y aprender sobre lo que ha venido a enseñarnos. 

La tristeza no dura siempre, pronto volveremos a ver las estrellas.

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1 comentario:

  1. Muy buena entrada Pepe, estoy intentado contactar contigo desde G+ ,enviándote un mensaje directo pero no sé por qué no me deja, es para hacerte entrega de un premio que puedes recoger aquí...

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    o bien entrando en mi blog:
    http://ayudasparadosenaccion.blogspot.com.es/2015/05/premios-recibidos-4-nominaciones.html

    Que lo disfrutes. Un saludo.

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